A los seres humanos nos cuesta soltar, dejar ir. Nos aferramos a relaciones, sentimientos, resentimientos, creencias. Nos aferramos a nuestras propias creencias y a nuestro sentido de certeza. Mientras más invertimos en algo, menos dispuestos estamos a dejar eso ir, sin embargo, seguir invirtiendo en algo que ya no queremos es un error. Lo que hayamos invertido en una relación, una casa, una creencia o lo que sea, ya no podemos cambiarlo, pero sí podemos cambiar lo que haremos a futuro con eso.
En la raíz de no dejar ir algo, existe o un gran miedo, o una gran necesidad. Sentimos miedo a la soledad, a sentirnos en un abismo, a perder significado. Desde la infancia desarrollamos una manera específica de relación con nuestros objetos de apego. Invertimos una gran energía en evitar el sufrimiento, el cambio y la pérdida. Crecemos creyendo que tenemos que hacer todo para no perder el control y con una gran necesidad de un sentido de permanencia.
Creemos que las cosas externas nos van a dar la felicidad. Creemos que eso que nos hace felices tiene la capacidad de hacer feliz a todo el mundo y no necesariamente es así. Buscamos seguridad en lo externo, creemos que si eso a lo que tanto nos apegamos se va, entonces nos quedaremos inseguros. La realidad es que, al final, nada es tan importante y todo pasa. Es importante distinguir que la felicidad y la seguridad vienen del interior, no del exterior.
Tendemos a pensar que lo que nos gusta debe ser permanente e inmediato y lo que no nos gusta debe ser pasajero. Buscamos estar seguros de las cosas, evitar riesgos, sin embargo, es muy complicado siempre estar seguros de todo lo que va a venir y todo lo que vamos a hacer, es por eso que esta creencia nos paraliza. Sentir confianza en ti mismo implica creer que podrás afrontar las circunstancias, incluso cuando no estás seguro de los resultados que tendrán. Nos apegamos a las cosas y nos volvemos celosos y posesivos cuando no sentimos un verdadero merecimiento, cuando no nos amamos suficiente a nosotros mismos y no creemos que lo que tenemos lo merecemos y nos corresponde.
No tiene caso vivir resistiendo lo inevitable, resistimos el cambio pero la vida está en constante movimiento y las cosas constantemente cambian. El enfoque constante debe ser admitir que todo en la vida son ciclos pero que el final de un ciclo marca el principio de otro y preguntarte cómo puedes ser feliz con los caminos que eliges y las decisiones que tomas, a pesar del miedo que puedas sentir a lo que va a venir o a desprenderte de la situación anterior.
Es natural que dejar ir resulte desagradable, pues sueltas algo que había formado parte de tu vida. Sin embargo, siempre puedes conservar las lecciones de vida que eso que sueltas te proporcionó.

