lunes, 19 de mayo de 2014

11) SINCRONICIDAD

Según la visión de Einstein, el Universo es como un organismo en que cada parte es la manifestación del todo. Una parte puede surgir como una expresión del todo y determinados patrones localizados pueden derivarse de un fundamento general. Esta perspectiva toma en cuenta que en la naturaleza la no linealidad es la regla y no la excepción. Conforme a esta visión, el funcionamiento de la mente tendrá resonancias con las transformaciones de la materia, pues ambas surgen de una base más profunda, de un "ordenamiento creador" que se manifiesta en los terrenos mentales y físicos.

Las sincronicidades toman la forma de patrones que surgen casualmente de un fundamento general casual y contingente y poseen un profundo significado para la persona que las experimenta. Estas coincidencias ocurren a menudo en momentos críticos de la vida de una persona y se podría interpretar que contienen las semillas del crecimiento futuro. Por lo tanto, se podría decir que las sincronicidades implican el desplegamiento significativo de la potencialidad. Un todo mayor está contenido dentro de cada una de ellas y, del mismo modo, la forma misma surge de este todo. Cada estructura surge en un punto crítico, una coyuntura en que, al principio, su potencial es embrionario y después florece en una forma viva.


Todas las estructuras dinámicas determinadas de este "universo vivo" deben su existencia a un todo más amplio, que podría implicar en el fondo mismo del Universo entero. Los patrones significativos de la sincronicidad que se manifiestan en la materia y también en la mente, representan el despliegue de un orden más profundo que está más allá de la distinción de ambas. Por lo tanto, la sincronicidad es la expresión del potencial o significado que contiene un determinado punto de la existencia. Actúa como una indicación del significado que se oculta dentro de una vida, relación o momento histórico determinado.

Nos proyectamos con nuestros sentidos para envolver el mundo y digerirlo en nuestro pensamiento. Las sincronicidades tienen su origen en combinaciones de sucesos mentales y físicos que producen, para el que las experimenta, un fuerte sentido de significado. Una sincronicidad representa la fusión de órdenes interiores y exteriores en el encuentro de la superficie y el espíritu. Todo apunta a que somos parte de un "ordenamiento creador", y dentro de los funcionamientos de una sincronicidad se podría entender más directamente, pues en ésta dicho "ordenamiento creador" da un sentido de la unidad e integración fundamentales que son posibles dentro de la naturaleza y en la vida de un individuo.

La evidencia de una inteligencia objetiva u ordenamiento creador dentro de la naturaleza son los patrones y simetrías que se exhiben en el mundo natural. Vemos una inteligencia objetiva u ordenamiento creador dentro de la naturaleza, es decir, la naturaleza contiene determinados patrones y simetrías arquetípicas que no existen en ningún sentido material explícito, sino que están plegadas en los varios movimientos dinámicos del mundo material. Según esta visión, la materia no representa una "realidad fundamental", sino que es la manifestación de algo que está más allá del terreno material.

Conforme a lo anterior, no existe ninguna distinción esencial entre lo mental y lo material, de modo que las sincronicidades representan el despliegue explícito de órdenes más profundos. Incluso en el lenguaje que hablamos vemos una estructura, todo nuestro mundo se compone de estructura. Por tanto, es posible para la mente tener una estructura arquetípica oculta mientras que, a la vez, funciona de un modo creador.


Carl Jung descubrió el "inconsciente colectivo". Cuanto más profundamente exploramos la mente, más descubrimos que la distinción entre la mente y la materia está disuelta, y el funcionamiento de la inteligencia objetiva empieza a manifestar su poder. La conclusión de Jung fue que el inconsciente tiene un nivel colectivo común a toda la humanidad. Jung consideraba a los arquetipos poseedores de un componente universal común a toda la humanidad.

Algunos elementos arquetípicos que prevalecen en el inconsciente colectivo a través de las generaciones desde el inicio de los tiempos son:
-Imágenes del héroe
-Hermanos gemelos
-La femenina eterna
-El viaje subterráneo
-El sol
-La serpiente
-El mandala de la totalidad
-Dinamismo de los opuestos

El inconsciente colectivo de Jung está compuesto de material que nunca ha alcanzado la conciencia en la mente del individuo. Por lo tanto, los niveles más profundos de la mente son objetivos, ya que pertenecen a toda la raza humana y no son propiedad personal y subjetiva de un individuo particular. Son inconscientes, no en virtud de haber sido olvidados, sino que existen de un modo oculto o plegado que no es accesible normalmente a la atención activa.

Las sincronicidades están caracterizadas por una unidad de lo universal y lo particular que se encuentra dentro de una coincidencia de sucesos. Durante una sincronicidad es posible, por un instante, tocar estas regiones de tal modo que implica que, dentro de la conjunción de coincidencias, hay envuelto algo realmente universal que está en el corazón de toda creación y que alcanza los ritmos más básicos de la existencia.


La sincronicidad empieza con el mismo hecho del significado en la vida y en la naturaleza. Combina el significado subjetivo de los fenómenos con las explicaciones objetivas. La sincronicidad se podría considerar un contrapuesto a la fragmentación, pues siempre se basa en un contexto más amplio y busca sus patrones entre fronteras y categorías. Se propone que un patrón de experiencias internas y externas puede surgir de un orden común a las dos. Las sincronicidades se originan en un terreno que va más allá de las categorías particulares del conocimiento.

La sincronicidad está relacionada con el patrón, con las correlaciones entre formas y estructuras distintas y con las conexiones hechas entre procesos físicos y estados mentales. La sincronicidad es como un contrapeso a la fragmentación. Las sincronicidades son manifestaciones en la mente y la materia del fundamento desconocido que es la base de las dos. Se encuentran órdenes similares en la conciencia y en la estructuración de la materia.

La ciencia es el paradigma a través del cuál nosotros percibimos nuestro mundo. El paradigma de la ciencia es una actitud hacia la naturaleza y hacia nosotros mismos; una actitud común de la mente, una manera de percibir al mundo, de estar dispuesto a actuar y comunicar que nos parece totalmente natural. Todo lo percibimos a través de este paradigma. Para entender la sincronicidad, se requiere de una visión del mundo muy distinta. Esta visión científica de la naturaleza dominada por la causalidad, análisis y reducción, tiempo lineal y explicaciones en términos de elementos, es tan penetrante, es tan especialmente difícil de adaptarse a la fuerza total de la sincronicidad, que las sincronicidades a menudo parecen perturbar los fundamentos de este mundo científico ordenado y dejarnos desorientados y desconcertados.


El seductivo poder de nuestra visión actual del mundo es lo que nos obstaculiza a dar un salto hacia lo desconocido. Parece que hay pocas posibilidades de abarcar la sincronicidad dentro de una visión racional de mundo. Las sincronicidades pueden parecer mágicas e irracionales, como los comodines en la baraja de cartas de la naturaleza. La adivinación con huesos está basada en la sincronicidad.

La sincronicidad abre la posibilidad de un planteamiento nuevo, un planteamiento más holístico. Una sincronicidad es un origen, es el momento creador del cual se puede percibir el patrón entero de orden en la vida de una persona mientras se extiende hacia el futuro. Su conjunción inesperada de sucesos puede romper a una persona la confianza en una imagen racional y ordenada del mundo. Se trata tanto de los significados, valores y experiencias internas como de los sucesos externos.

Un simple símbolo puede desatar una tormenta de sentimientos y reacciones. En muchos casos la mente no es libre y creadora, sino que obedece en varios de sus funcionamientos a un orden mecánico que no es muy distinto al de una computadora o máquina sofisticada. Los pensamientos no tienen ninguna existencia propia independiente o absoluta, sino que están mantenidos constantemente por los procesos fundamentales de su origen; igualmente, se podría decir que las mentes individuales surgen de un solo origen, representan identidades dentro del origen fundamental. Mente y materia ejercen influencia una sobre otra puesto que surgen de un orden generativo común.

El Universo está plegado en cada individuo y en cada región del espacio. Cada que dos personas entablan una conversación, está presente un flujo constante de significado activo. Éste tiene el efecto de realizar transformaciones muy sutiles dentro del cerebro que, luego, ejercen su efecto sobre el pensamiento y la acción. La estructuración de la realidad que el cerebro realiza no solamente incluye tal dirección de acciones físicas, sino también las relaciones humanas, la naturaleza, la sociedad y la imagen que cada persona tiene de sí misma.

La sincronicidad aparecerá naturalmente en una mente que esté constantemente sensible al cambio, pues revela patrones globales de la naturaleza y de la mente, y proporciona un contexto en que los sucesos tienen su significado.

Según los sabios chinos, el acto de la adivinación envuelve un momento que contiene la esencia del presente y las semillas del futuro. La adivinación, por lo tanto, es el microcosmos que refleja toda naturaleza y sociedad, e incluye dentro de sí al observador. El Universo entero puede estar plegado dentro de un momento del tiempo y dentro del acto de adivinación. En el "I Ching" la mente y la materia ya no se perciben como una dualidad, sino en su unidad esencial.


El "I Ching" expone la información que actúa para estructurar una situación que está a punto de desplegarse en el tiempo. Si el sujeto humano no posee la honradez de mente y de propósito para ver las cosas tal como son en realidad, sean cuales sean las consecuencias subsiguientes, la creatividad se obstaculiza y los patrones del presente seguirán desplegándose en el futuro; patrones y conjunciones significativos que actúan como indicios de la unidad esencial de toda la naturaleza. El "I Ching" está basado en el principio sincrónico, combinaciones significativas que no tienen explicación causal y un Universo que se desarrolla según un orden oculto y dinámico. Las sincronicidades actúan como espejo de los procesos internos de la mente y toman la forma de manifestaciones exteriores de transformaciones interiores.

Una sincronicidad puede ser considerada un microcosmos que refleja la dinámica del macrocosmos mientras se despliega simultáneamente en los aspectos mentales y materiales de la vida de una persona. La nada del estado fundamental del que se sostiene el Universo es un vacío un pleno; es un pleno porque está infinitamente lleno de energía. El Universo material observable no es nada más que las fluctuaciones menores sobre este vasto mar de energía.

Al igual que esta energía infinita se utiliza en la generación de la materia, también es asequible a la mente a través del fundamento más profundo de su fuente, un "mar de energía" hirviente que tiene la apariencia de la nada. El fundamento de donde surge la materia es también la fuente de la conciencia, alimentada por la fuente creadora. Esa fuente eternamente creadora está más allá de los órdenes del tiempo.

Las sincronicidades implican la revelación significativa esencial entre los aspectos mentales y materiales del Universo. La sincronicidad fluye de un movimiento básico que da a su sujeto un sentido del significado más profundo del Universo y una intuición de los movimientos que fluyen de su fuente creadora.

Una sincronicidad actúa como un espejo; un espejo en el que se refleja el plegamiento y desplegamiento constante del Universo. Según este planteamiento, mente y materia son las dos caras de una misma realidad. El fundamento del que surgen mente y materia nunca es fijo, siempre está implicado en una renovación constante creadora.

El Universo se sostiene a través de un acto de desplegamiento creador, en el que ningún orden está absolutamente fijo sino que puede responder a un contexto cambiante. La sincronicidad se distingue por expresar las "relaciones significativas" entre sucesos internos y externos. Ninguna estructura u orden del Universo puede considerarse totalmente permanente, pues siempre está sujeto al cambio.

La sincronicidad requiere que se forje un puente entre la materia y la mente. El místico cree que la vida está impregnada de significado y de un sentido de "unidad" con toda la naturaleza. La sincronicidad crece del instante intemporal eterno que está cargado de potencial para cambiar. Las sincronicidades abren las compuertas de los niveles más profundos de la conciencia y la materia que, por un instante creador, inundan la mente y remedian la división entre lo interno y lo externo.

Las llamadas "experiencias máximas" liberan significado, energía y creatividad considerables y ofrecen una imagen aproximada acerca de la transformación total que es posible para el individuo y la sociedad. Sólo en los casos excepcionales, esta apertura de las compuertas de la conciencia produce una transformación verdadera y duradera que libera al "sí mismo" del orden limitado del tiempo. Tal como ocurre en las "experiencias máximas", durante la sincronicidad se produce un profundo sentido de identidad.

Una concienciación más profunda puede actuar para transformar la vida entera. Los órdenes rígidos, mecánicos y limitados obstruyen el florecimiento de la creatividad. Durante la sincronicidad se da una insinuación de la vida mas creadora en la que el "yo" ocupa su lugar adecuado dentro de la conciencia.

La sincronicidad es la insinuación de una vida más creadora en la que el "yo" ocupa su lugar adecuado, es decir, la vigilancia y concienciación que siempre han estado presentes, se experimentan de un modo más directo. Las sincronicidades abren una ventana hacia una fuente creadora de potencial infinito, la fuente del universo mismo. En ellas se abren pequeñas grietas en la superficie de nuestra racionalidad que insinúan un mundo mucho más profundo que puede estar más allá, en órdenes ocultos más profundos.

La sincronicidad implica también una relatividad psíquica del tiempo, incluye sucesos que no han ocurrido todavía. Circunstancias en que el factor tiempo parece quedar eliminado por una función o condición psíquica que es también capaz de abrir el factor espacial. Acontecimientos que no pueden considerarse desde el punto de vista de la causalidad, ya que la causalidad presupone la esencia del espacio y tiempo.

La falta de interés y el aburrimiento son factores negativos, el entusiasmo, la expectación positiva, la esperanza y la creencia en la posibilidad de producir buenos logros, son, al parecer, las condiciones reales que determinan si se van a alcanzar resultados o no. Imprimir sentimientos a lo que deseamos influye en el resultado que obtenemos. El inconsciente a menudo sabe más que el consciente y parte de la sincronicidad es que a veces soñamos con personas de quienes vamos a recibir un mensaje o a quienes nos vamos a encontrar. En el inconsciente hay algo así como conocimiento a priori o una presencia inmediata de sucesos a los que falta una base causal. Todo lo que el alma hace con vistas a lograr ese objetivo tiene fuerza motriz y eficacia par lo que ella desea. Los sucesos sincrónicos se consideran dependientes de los sentimientos.

La astrología, al menos en su forma moderna, afirma dar una descripción más o menos global del carácter del individuo. Desde los tiempos más remotos, los diversos planetas, casas, signos zodiacales y aspectos han tenido todos significados que sirven de base para el estudio del carácter o para la interpretación de una situación dada. No se necesita tener ninguna creencia astrológica para realizar esta investigación, basta con las fechas de nacimiento, efemérides y una tabla de logaritmos para sacar el horóscopo. El número es un "arquetipo de orden" que se ha hecho consciente; el inconsciente utiliza los números como factores de orden. Los arquetipos son, en este sentido, tanto inventados como también descubiertos. Podría parecer que los números naturales tienen un carácter arquetípico.

Existen también varias configuraciones que apuntan hacia una predisposición en la elección de un cónyuge. Un matrimonio no siempre es una relación amorosa y una relación amorosa no siempre es un matrimonio. La concepción estadística del mundo es una mera abstracción y, por consiguiente, incompleta e incluso falaz, especialmente cuando se trata de psicología humana. No hay ninguna regla que sea cierta en todos los casos, puesto que este es un mundo real y no un mundo estadístico. Las condiciones emocionales y arquetípicas necesarias para que se produzca un fenómeno sincronístico es tener un vivo interés. Los procedimientos mánticos deben su efectividad a su relación con lo emocional.

Los fenómenos sincronísticos espontáneos involucran al observador en lo que está sucediendo y en ocasiones lo convierten en un accesorio del hecho. Nunca se puede decir con certeza si lo que parece que está sucediendo en el inconsciente colectivo de un individuo no está acaeciendo también en otros individuos, organismos, cosas o situaciones. Para la psiquis inconsciente, el espacio y el tiempo parecen ser relativos. El principio de la causalidad afirma que la relación entre una causa y efecto es algo necesario, mientras que el principio de sincronicidad asegura que los términos de una coincidencia significativa están relacionados por la simultaneidad y por el significado.

La actitud racionalista occidental ni es la única posible ni tampoco lo abarca todo. En muchos sentidos es un prejuicio y una inclinación que quizá convenga corregir. Según la concepción China, en todas las cosas hay una "racionalidad latente", esta es la idea básica que sustenta la coincidencia significativa, donde prevalece el significado hay orden. La concepción taoísta es típica del pensamiento chino y es un "pensamiento global". Para nosotros los detalles son importantes en sí mismos, par los orientales, en cambio, configuran un cuadro completo. Ellos encuentran unidad dentro de las cosas.

Un conocimiento "inconsciente" autoexistente, "conocimiento absoluto", no es una cognición sino una "percepción". El microcosmos que contiene "las imágenes de toda creación" sería el inconsciente colectivo. A veces, uno se sorprende tanto de la falta de armonía entre las cosas como de su armonía ocasional. El tiempo y la causalidad son psíquicamente relativas. De igual forma, el factor sincronístico parece ser válido sólo condicionalmente.

La sincronicidad es un fenómeno que parece estar relacionado, en principio, con las condiciones psíquicas, con los procesos del inconsciente. Durante la levitación, por ejemplo, el humor es generalmente eufórico. Allí donde las percepciones sensoriales son imposibles desde el principio, a duras penas puede tratarse de otra cosa que no sea la sincronicidad.

El arquetipo representa una probabilidad psíquica, puesto que reproduce los sucesos instintivos en forma de tipos. La sincronicidad puede ser vista como una "ordenación causal". El arquetipo es la forma de la ordenación psíquica a priori que puede reconocerse de modo introspectivo. Las formas de ordenación psíquica son actos de creación en el tiempo. Esta es la razón por la que se insiste en el elemento tiempo como algo característico de estos fenómenos y por lo que se les ha llamado sincronísticos.

Cuando los fenómenos sincronísticos se producen, debemos considerarlos como "actos creativos"; como la creación continua de un modelo que existe desde la eternidad, se repite periódicamente y no procede de ningún antecedente conocido. Se puede pensar en las coincidencias significativas como pura casualidad, pero, cuanto más se multiplican y cuanto mayor y más exacta es su correspondencia, más desciende su probabilidad aumentando inimaginablemente su rareza, hasta que no pueden considerarse ya como mero azar, sino que, por falta de explicación causal, han de considerarse como disposiciones significativas. Su "inexplicabilidad" no se debe al hecho de que la causa sea desconocida, sino a que la causa no es siquiera imaginable en términos intelectuales.

Este es precisamente el caso cuando el espacio y el tiempo pierden su significación o se han hecho relativos, pues en tales circunstancias una causalidad que presupone la existencia de espacio y tiempo para su continuidad ya no se puede decir que existe y se hace completamente impensable. Los eventos sincronísticos relativizan el tiempo y el espacio en cuanto que el espacio no presenta en principio ningún obstáculo a su paso y la secuencia de acontecimientos en el tiempo está invertida, por eso parece como su un suceso que todavía no ha ocurrido estuviera causando una percepción en el presente. La causalidad pierde también su validez, ya que la secuencia causa-efecto está relativizada o suprimida.

"Sincronicidad" es una coincidencia temporal significativa. En algunos casos la sincronicidad sólo puede comprobarse después, aunque el suceso sincronístico como tal esté constituido por la coincidencia de un estado psíquico neutro con un fantasma -esto es, un sueño o visión. La sincronicidad puede definirse como coincidencia significativa que engloba patrones de la causalidad relacionados significativamente. Se puede construir efectivamente un puente entre los mundos interior y exterior y la sincronicidad proporciona un punto de partida.

Las sincronicidades nos ofrecen la posibilidad de ver más allá de nuestros conceptos convencionales del tiempo y la causalidad de los patrones inmensos de la naturaleza. Con la sincronicidad como punto de partida, es posible empezar la construcción de un puente que atraviese los mundos de la mente y de la materia, de la física y de la psique. La sincronicidad puede ejercer un efecto tan profundo sobre de nosotros porque va más allá de nuestras defensas intelectuales y rompe nuestra fe en el carácter tangible de las superficies y en los órdenes lineales del tiempo y de la naturaleza. Carl Jung presenció muchos sucesos que no tenían explicación racional. El sentido de esos sucesos es que son significativos y desempeñan un papel importante en la vida de una persona.

Las sincronicidades son los comodines en la baraja de cartas de la naturaleza, ya que se niegan a jugar según las reglas y ofrecen un indicio de que, en nuestra búsqueda de certidumbre con respecto al Universo, es posible que hayamos ignorado algunas pistas vitales. Las sincronicidades nos retan a construir un puente con un fundamento apoyado sobre la objetividad de la dura ciencia y el otro sobre la subjetividad de los valores personales.

Existe un principio universal de la serialidad. La "serialidad" se define como "una repetición legítima, o agrupamiento, en el tiempo y en el espacio, por medio de la cual los miembros individuales de la secuencia -en la medida en que se pueda averiguar con un análisis cuidadoso- no están conectados por la misma fuente activa. Los sucesos fortuitos se agrupan. Un suceso muestra afinidad con otros sucesos, casualmente inconexos, pero que comparten alguna forma o patrón global. A partir de esos sucesos que se agrupan se habla de la existencia de una armonía o mosaico fundamental de la naturaleza, un modelo que es "el cordón umbilical que conecta el pensamiento, los sentimientos, la ciencia y el arte con la matriz del Universo que los originó".

Arthur Koestler opinaba que la serialidad es una expresión de "la tendencia integrada del Universo". Kammerer empezó por un camino interesante al proponer que los patrones fundamentales de la naturaleza se manifiestan en patrones de casualidad pero hay una desventaja lógica importante en aceptar sus pruebas de que los agrupamientos en serie sean de algún modo distintos de los puramente fortuitos. En cualquier secuencia fortuita larga, habrán muchos patrones determinados y series que a la larga alcanzan un promedio. Si hay una racha persistente de acaras al lanzar una moneda, probablemente hay un desequilibrio en la moneda El principio de la serialidad nunca convencerá al científico escéptico por estar fundamentado puramente en una serie de coincidencias y anécdotas curiosas.

Carl Jung tomó en sus manos la tarea de demostrar que el significado inherente es lo que realmente diferencia una sincronicidad de una mera coincidencia. Su concepto de la sincronicidad tuvo su origen en la unión entre los planteamientos de la física y la psicología. A pesar de su intimidad, Freud y Jung tenían puntos de vista profundamente diferentes con respecto al inconsciente. Freud se basaba en una tradición racional y científica, Jung se interesaba más por el espiritualismo, la fantasía y naturaleza curiosa de las imágenes que dibujaban y soñaban sus pacientes.

Jung descubrió que el inconsciente colectivo es algo común a toda la humanidad y descubrió una variedad de símbolos que calificó de mandalas. Jung consideraba que el inconsciente tiene una dimensión creativa oculta y que no está impulsada solamente por los instinto sexuales. Jung ha creado una explicación para el origen de la mente en el Universo. En los "sermones" Jung propone que se puede excavar la mente humana mucho más allá del inconsciente personal, y que en sus niveles más profundos posee una rica estructura de fuerzas dinámicas, patrones simétricos y centros autónomos de energía.

Cuando uno sondea aún más profundamente, encuentra el terreno común del que surgen la materia y la mente, un recuerdo del "cordón" umbilical que conecta el pensamiento, los sentimientos, la ciencia y el arte con la matriz que les originó. Carl Jung veía al inconsciente como algo ordenado, algo sumamente estructurado.

La sincronicidad se origina de los patrones fundamentales del Universo y no a través de una causalidad de impulsos y tirones que normalmente relacionamos con sucesos de la naturaleza, "principio conector acausal". Pauli sostenía que, en el nivel cuántico, toda naturaleza entabla una danza abstracta. Jung resaltó la importancia de mantener armonía en la personalidad equilibrando pensamiento y sentimiento. Los arquetipos pueden desempeñar un papel en la sincronicidad.

La sincronicidad, en suma, es la coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos no relacionados causalmente, que tienen el mismo significado o un significado parecido, actos creativos, paralelismos acausales. La esencia de una sincronicidad es que un patrón determinado tiene un significado o valor para la persona que lo experimenta. Una sincronicidad implica fuertes paralelos entre sucesos interiores y exteriores que están fuertemente dotados de significado. El significado puede desempeñar un papel en nuestro universo físico.

Las investigaciones de Jung acerca de la sincronicidad fueron impulsadas por la variedad de patrones y agrupamientos acausales que habían ocurrido en su propia vida. Es como si la formación de patrones dentro del inconsciente fuese acompañada de patrones físicos en el mundo exterior. Las sincronicidades a menudo se relacionan con periodos de transformación. Principalmente, cuando los patrones psíquicos están a punto de alcanzar la conciencia, las sincronicidades llegan a su apogeo; por otra parte, tienden a desaparecer cuando el individuo conscientemente se da cuenta de una nueva alineación de fuerzas dentro de su personalidad.

Algunos de los periodos de transformación donde aparecen las sincronicidades son los nacimientos, muertes, el enamoramiento, la psicoterapia, la obra creadora intensa y un cambio de profesión. Es como si la reestructuración interna produjese resonancias externas o como si una explosión de "energía mental" se propagase hacia afuera en el mundo físico. Las sincronicidades a veces tienen el efecto de perturbar una visión del mundo normalmente ordenada y demasiado rígida al aparecer como comodines de la baraja de la vida. Cuando todas las energías se enfocan, aparecen las sincronicidades, mostrando un dinamismo entre los procesos físicos y mentales del Universo.


El concepto de causalidad no es apropiado para un mundo de sucesos mentales. El tiempo psicológico es profundamente distinto al que se ve en un reloj. En general nuestro interior no cumple los criterios en que se basa la causalidad. Existe también el "efecto mariposa", que indica que las ecuaciones no lineales implicadas en la descripción del tiempo son extremadamente sensibles a la menor variación en las condiciones iniciales. Por ejemplo, la situación meteorológica puede cambiar drásticamente por un hecho tan ligero, aunque tan crítico, como el aleteo de una mariposa.

Las sincronicidades se relacionan estrechamente con ese "efecto mariposa". Si se examina cualquier fenómeno, resultará que "todo causa todo lo demás" y las "pequeñas correcciones" a veces producen grandes efectos. Cuando se añaden más lazos causales, se encuentran más efectos ocultos. Cualquier intento de reducir todas las facetas de la naturaleza a una cadena causal, fracasará inevitablemente. Cuando la causalidad y el determinismo se utilizan en algo tan complejo como un sistema ecológico, las redes implicadas se vuelven mucho más complejas, hasta el peligro de desmoronar teorías y modelos matemáticos.