Carl Jung descubrió el "Insconsciente Colectivo". Cuanto más profundamente exploramos la mente, más descubrimos que la distinción entre la mente y la materia está disuelta, y el funcionamiento de la inteligencia objetiva empieza a manifestar su poder. La conclusión de Jung fue que el inconsciente tiene un nivel colectivo común a toda la humanidad.
El inconsciente colectivo de Jung está compuesto de material que nunca ha alcanzado la conciencia en la mente del individuo. Por lo tanto, los niveles más profundos de la mente son objetivos, ya que pertenecen a toda la raza humana y no son la propiedad personal y subjetiva de un individuo particular. Son inconscientes, no en virtud de haber sido olvidados o reprimidos, sino que existen de un modo oculto o plegado que no es accesible a la atención activa.
Inconsciente colectivo:
- Imágenes del héroe
- Hermanos gemelos
- La femenina eterna
- El viaje subterráneo
- El sol
- La serpiente
- El mandala de la totalidad
- Dinamismo de los opuestos
Según Jung, los niveles más profundos del inconsciente no se podían sacar a la superficie directamente. Es sólo cuando determinados aspectos de la mente colectiva se proyectan en la atención, revestidos de las imágenes y símbolos de nuestra cultura particular, que somos conscientes de algo universal que ha entrado en la mente. El inconsciente colectivo crea correspondencia entre el observador y lo observado. La naturaleza personal de la mente contiene un nivel impersonal objetivo, existe una unión profunda entre materia y mente. Jung detectó que existen simetrías fundamentales y principios de ordenamiento.
Cuando se exploran las primeras capas de la mente se alcanza el terreno subjetivo de las represiones personales, pero en los niveles más profundos se encuentran los contenidos objetivos que ya no se pueden observar directamente. Están ocultos bajo formas simbólicas. Los contenidos del inconsciente colectivo no se pueden sacar directamente a la superficie de la conciencia sino que se deducen a través de sus huellas o sombras que aparecen en la conciencia y en el inconsciente personal en forma de mitos, sueños, fantasías, imágenes fuertes y obras de arte. El universo no puede reducirse a un sólo nivel de descripción. Siempre es posible analizar los niveles superiores en términos de niveles inferiores pero también es cierto que los niveles superiores pueden condicionar a los inferiores y pueden contener inesperadas y nuevas formas de comportamiento.
En lo más profundo, los niveles objetivos de la mente y las capas subjetivas de la materia están ocultos a la comprensión directa, de modo que su existencia se puede inferir sólo de sus impactos en niveles superiores. El universo no puede reducirse a una única descripción. Las complejidades de la materia y la mente son como imágenes reflejadas en espejos paralelos que nunca se pueden comprender de modo único. La física del universo material se puede entender en términos de las órdenes de sus patrones, simetrías y relaciones. Se podría descubrir que el inconsciente colectivo se mantiene a través de la dinámica de principios fundamentales de ordenamiento que Jung llamaba los arquetipos. La esencia del inconsciente colectivo está en el significado de sus arquetipos, aquellos patrones y simetrías que mantienen su estructura interna. El significado es la esencia del inconsciente colectivo.
Los arquetipos dejan sus huellas en la mente y proyectan sus sombras a través del pensamiento. Los arquetipos son esencialmente de naturaleza dinámica y revelan sus proyecciones en el tiempo. El parón global de la vida del individuo puede ser el gesto de un arquetipo. La mente también se basa en determinadas estructuras heredadas del cerebro. El cerebro no es algo estático y fijo que determina nuestro comportamiento, sino que el cerebro es fluido, un instrumento de sutileza extrema que cambia constantemente. Incluso durante simples experiencias sociales como cuando dos personas se hablan, el mecanismo de las neuronas del cerebro de una persona es capaz de ejercer un efecto directo y duradero sobre las conexiones sinápticas modificables del cerebro de otra.
Se sugiere que el inconsciente surge de una capa más primitiva del cerebro que todavía no es capaz de segregar un pensamiento consciente "superior". Las actividades de estas antiguas estructuras evolutivas ejercen un efecto directo sobre el funcionamiento de la mente a través de cambios dentro de la química del cerebro y del cuerpo. La producción de estos niveles interiores puede ejercer alguna influencia directa sobre el pensamiento. Según esta visión, la conciencia cotidiana es movida constantemente por fuerzas que no son creaciones suyas, de modo que debe intentar interpretarlas lo mejor posible en forma de sueños, fantasías, impulsos y emociones irracionales. Jung sugiere que cada época contribuye con sus niveles y estructuras al inconsciente colectivo.
Cada experiencia, acción o pensamiento se introduce de nuevo en el cerebro para modificar las conexiones sinápticas y producir cambios en las redes nerviosas. El acto de pensar cambia al pensador, hay un lazo irreductible entre el pensador y el pensamiento. El pensador es el pensamiento. El pensamiento da origen al pensador que, alternativamente, crea el nuevo pensamiento.
Los arquetipos son fijos y se remontan a nuestros orígenes animales. También es posible que ciertos aspectos del inconsciente colectivo sean creados por la sociedad en la que vivimos. El ritual, el símbolo y la imagen hacen su impacto sobre el cerebro, no sólo en la conciencia sino también en los niveles más primitivos donde el significado se trata y se transforma. Se ha sugerido que la estructura del universo material es la manifestación de algo más profundo, la inteligencia objetiva.
A la consciencia le es posible actuar sobre el inconsciente colectivo y cambiarlo a través de percepciones, penetraciones (insights) y reflexiones. La inspiración fluye en la mente de un artista desde sus profundidades colectivas. La conciencia y el inconsciente colectivo, la luz y la oscuridad, realizan una interacción constante y cada uno transforma al otro. Tales cambios no tienen porqué suceder sólo en el nivel de la mente, sino que también pueden afectar la estructura de la materia. La conciencia personal empieza a tocar algo que es literalmente colectivo y universal. La mente colectiva contiene niveles que se remontan al pasado lejano de la raza humana. Ahondar en los símbolos de imágenes del inconsciente colectivo es entrar en un terreno que está más allá del espacio, tiempo y materia.
Las sincronicidades están caracterizadas por una unidad de lo universal y lo particular que se encuentra dentro de una coincidencia de sucesos. Patrones, simetrías y leyes matemáticas interconectan una multiplicidad de sucesos individuales. Es posible que detrás de los fenómenos del mundo material haya un orden generativo y formativo llamado "inteligencia objetiva". Durante una sincronicidad es posible, por in instante, tocar estas regiones de tal modo que implica que, dentro de la conjunción de coincidencias, hay envuelto algo realmente universal que está en el corazón de toda creación y que alcanza los ritmos más básicos de la existencia.
Hay visiones alternativas de la naturaleza en las que el ritmo y la sincronicidad ocupan un lugar primario. El paradigma de la ciencia es una actitud hacia la naturaleza y hacia nosotros mismos; una actitud común de la mente, una manera de percibir al mundo, de estar dispuesto a actuar y comunicar que ahora parece totalmente natural: todo se percibe a través de ese paradigma. La ciencia es el paradigma a través del cuál nosotros percibimos nuestro mundo. Puesto que esta visión de la naturaleza, dominada por la causalidad, análisis y reducción, tiempo lineal y explicaciones en términos de elementos es tan penetrante, es especialmente difícil adaptarse a la fuerza total de la sincronicidad. La sincronicidad requiere de una visión del mundo muy distinta. Las sincronicidades a menudo parecen perturbar los fundamentos de este mundo científico ordenado y dejarnos desorientados y desconcertados.
A medida que la sociedad se iba haciendo más compleja, las interpretaciones del I Ching tuvieron que volverse más sutiles para tener en cuenta situaciones menos claras. El I Ching puede revelar la dinámica de un proceso de la sociedad o de la naturaleza. Los chinos no estructuran su mundo, tal como se hace en Occidente, en términos causales, sino a través de agrupamientos, coincidencias y correspondencias. Se preguntan cuáles son las cosas que tienden a suceder juntas en el tiempo. Todo lo que sucede dentro del universo terrenal es un desplegamiento de patrones que existen en el mundo superior. Cosas que desean ocurrir juntas, de un modo significativo, al mismo tiempo Los procesos de la naturaleza y la sociedad son imágenes temporales de lo eterno.
Los seres humanos tienen su existencia en las dos esferas y a través del I Ching se puede establecer un tránsito entre estos dos mundos. El I Ching pone al interrogador en contacto con el mundo de la eternidad. Núcleos en el espacio y el tiempo que contienen las implicaciones de estructuras futuras. En dicho momento de casualidad y cambio, un sistema puede moverse de una de las distintas direcciones posibles, cada una de las cuales se revelará para ofrecer una nueva estructura. El interrogador detenido en tal punto en el tiempo, a través del acto de adivinación, expone las fuerzas y patrones que están en juego. Con esto se da un encuentro entre la visión china y la occidental. Incluso el lenguaje hablado refleja una visión global del mundo. El lenguaje está fuertemente relacionado con el conocimiento. Dentro de cada lengua, se atesoran ideas sobre la naturaleza y la sociedad. El lenguaje, la actividad de la comunicación y la percepción por medio de los sentidos y la mente actúan entre sí recíprocamente de formas particularmente sutiles. Una visión del mundo y un lenguaje pueden reforzarse uno al otro, de manera que cada persona que habla ese lenguaje está inconscientemente dispuesta a ver el mundo desde un punto de vista determinado. Penetra cada aspecto de la vida, incluyendo la estructura social junto con sus costumbres, creencias, actividades y las mismas relaciones entre individuos. El lenguaje es una de las razones por las cuales es tan difícil para Occidente acoger la visión oriental del universo.
Las sincronicidades pueden parecer mágicas e irracionales, como los comodines en la baraja de cartas de la naturaleza. La adivinación está basada en la sincronicidad. El seductivo poder de nuestra visión actual del mundo es que nos obstaculiza a dar un salto hacia lo desconocido. Una visión sincrónica del mundo implica comprender que sucesos no relacionados finalmente causan patrones. Con el I Ching la visión china alcanzó su forma filosófica más avanzada. El I Ching ejerció una influencia fundamental sobre el pensamiento de Carl Jung. Durante varios miles de años los chinos creían que el I Ching contenía los patrones y la dinámica del universo.
Sería tan difícil para los antiguos chinos poner en tela de juicio el concepto de la sincronicidad como lo sería para el occidental medio poner en duda el concepto del tiempo lineal y la sucesión histórica de los acontecimientos. Jung consideraba a los arquetipos poseedores de un componente universal común a toda la humanidad. El I Ching actúa como un vehículo a través del cual el Icc se puede manifestar. El I Ching es un universo aparte y no se puede abrazar fácilmente dentro del planteamiento occidental. Los chinos y los Naskapi no exigen ninguna explicación para el funcionamiento de la sincronicidad y para los patrones y armonías que observan a su alrededor. La visión del mundo está envuelta tácitamente y, en gran parte, inconscientemente en toda la sociedad. La sincronicidad abre la posibilidad de un planteamiento nuevo, más holístico. Una sincronicidad es un origen, es el momento creador del cual se puede percibir el patrón entero de orden en la vida de una persona mientras se extiende hacia el futuro. Su conjunción inesperada de sucesos puede romper a una persona la confianza en una imagen racional y ordenada del mundo. Se trata tanto de los significados, valores y experiencias internas como de los sucesos exteriores.
El Icc colectivo de Jung ha revelado el nivel objetivo de la mente. Cada persona experimenta la mente y el cuerpo como un todo indiviso. Parece que hay pocas posibilidades de abarcar la sincronicidad dentro de esta visión racional del mundo. Parece que determinadas actividades de la mente tienen un orden básicamente mecánico. Simplemente hay que ser conscientes del propio comportamiento de uno y de sus procesos internos de pensamiento. Algunos pensamientos son sumamente repetitivos y mecánicos. Un hombre puede meterse en una larga serie de relaciones frustradas con el mismo tipo de mujer y una mujer puede estar constantemente en conflicto con una figura de autoridad. En muchos casos la mente no es libre y creadora sino que obedece en varios de sus funcionamientos a un orden mecánico que no es muy distinto al de una computadora o máquina sofisticada. El contexto es tan importante como el gesto, pues no es tanto la fórmula de palabras o la contorsión de la cara lo que transmite un mensaje sino el contexto total en que se considera. Un contexto establece un significado. Los contextos requieren de la inteligencia de un orden no mecánico para poderse apreciar.
El orden de la mente es especialmente sutil y no se puede reducir al de una computadora mientras que los procesos de la naturaleza tienden a ser fluidos reproducibles. Las ideas nuevas son como las plantas delicadas, merecen ser nutridas durante un tiempo y permitirles revelar su potencial completo, en vez de ser desarraigadas y descartadas en seguida. Los pensamientos no tienen ninguna existencia propia independiente o absoluta, sino que están mantenidos constantemente por los procesos fundamentales de su origen. Igualmente, se podría decir que las mentes individuales surgen de un solo origen. Representan identidades dentro del origen fundamental. Mente y materia ejercen influencia una sobre otra.
El tiempo es una creación de la mente que se puede proyectar en los procesos de la naturaleza. La percepción, la intuición y la creatividad van más allá de la discusión inicial y requieren algo más que la distinción entre lo implicado y lo explicado. El universo está plagado en cada individuo y en cada región del espacio. "Soma" y psique se convierten en dos caras de una misma moneda. La estructuración de la realidad que realiza el cerebro no incluye solamente tal dirección de acciones físicas, sino también las reacciones humanas, la naturaleza de la sociedad y la imagen que cada persona tiene de sí misma. Cada vez que dos personas entablan conversación, está presente un flujo constante de significado activo. Este tiene el efecto de realizar transformaciones muy sutiles dentro del cerebro que, luego, ejercen su efecto sobre el pensamiento y la acción.
La sincronicidad aparecerá naturalmente en una mente que esté constantemente sensible al cambio, pues revela patrones globales de la naturaleza y de la mente, y proporciona un contexto en que los sucesos tienen su significado. Según los sabios chinos, el acto de la adivinación envuelve un momento que contiene la esencia del presente y las semillas del futuro, por lo tanto, es el microcosmos que refleja toda naturaleza y sociedad, e incluye dentro de sí al observador. El universo entero puede estar plegado dentro de un momento del tiempo y dentro del acto de la adivinación. En el I Ching la mente y la materia ya no se perciben como una dualidad, sino en su unidad esencial. El I Ching expone la información que actúa para estructurar una situación que está a punto de desplegarse en el tiempo. Si el sujeto humano no posee la honradez de mente y de propósito para ver las cosas tal como son en realidad, sean cuales sean las consecuencias subsiguientes, la creatividad se obstaculiza y los patrones del presente seguirán desplegándose en el futuro.
Patrones y conjunciones significativos que actúan como indicios de toda la naturaleza. Mente y materia parecen tener algo en común en sus órdenes de actividad, como órdenes que están en un espectro común. Una sincronicidad puede ser considerada un microcosmos que refleja la dinámica del macrocosmos mientras se despliega simultáneamente en los aspectos mentales y materiales de la vida de una persona. La nada del estado fundamental del que se sostiene el universo es un vacío y un pleno. Es un pleno porque está infinitamente lleno de energía. El universo material observable no es nada más que las fluctuaciones menores sobre este mar de energía. Al igual que esta energía infinita se utiliza en la generación de la materia, también es asequible a la mente a través del fundamento más profundo de su fuente. Este es un "mar de energía" hirviente que tiene la apariencia de la nada, es una fuente eternamente creadora que está más allá de los órdenes del tiempo. El fundamento de donde surge la materia es también la fuente de la conciencia. La "pleroma" de Carl Jung significa fundamento o "divinidad" dek que nace toda realidad, es la nada de la plenitud. La pleroma está a la vez vacía y perfectamente llena y el universo está plegado en cada uno de sus puntos. Los arquetipos son los elementos formativos de la estructura de la mente y las sincronicidades implican la relación significativa esencial entre los aspectos mentales y materiales del universo. El significado de las sincronicidades depende de una serie de contextos.
La generación de la forma empieza de la nada. Toda forma de inteligencia superior puede referirse a sí misma y "conocer" su propio contenido. El acto de observación siempre ocurre en un contexto determinado. El significado de una forma lógica está determinado por el contexto global. El acto de dominar crea distinciones. En las tradiciones religiosas y místicas del mundo, el nombre tiene una cualidad mágica activa. Incluso en los cuentos de hadas saber el nombre significa obtener poder sobre él o ella. "Mantram" implica la repetición de una palabra, supuestamente desempeña un papel activo en transformar la conciencia y la realidad y hay vibraciones específicas que se relacionan con ese mantram. El poner nombres establece las primeras categorías que más tarde llevan a la estructura entera del pensamiento. El significado puede tener gran importancia en crear nuestra relación entera con el universo.
La sincronicidad fluye de un movimiento básico que da a su sujeto un sentido del significado más profundo del universo y una institución de los movimientos que fluyen de su fuente creadora. Una sincronicidad actúa como un espejo en el que se refleja el plegamiento y desplegamiento constante del universo, a partir de su fundamento. Según este planteamiento, mente y materia son las dos caras de una misma realidad. La realidad es sostenida desde su fuente creadora y el resultado final son los órdenes explicados de la mente y materia que surgen de sus formas plegadas fundamentales. La complejidad y sutileza del universo van más allá de todo intento de captarlos con el lenguaje y las imágenes. El fundamento del que surgen mente y materia nunca es fijo, siempre está implicado en una renovación constante creadora. El universo se sostiene a través de un acto de desplegamiento creador, en el que ningún orden está absolutamente fijo sino que puede responder a un contexto cambiante. La creatividad se extiende por cada elemento de la naturaleza. La sincronicidad se distingue por expresar las "relaciones significativas" entre sucesos internos y externos. Parece que la sociedad humana y los individuos dentro de ella, a menudo funcionan de una manera bastante mecánica de modo que responden a situaciones nuevas desde posiciones relativamente fijas y no creativas. Parecen estar atrapados en estructuras y formas de fabricación propia, como por ejemplo las creencias, objetivos y valores que se han vuelto tan rígidos que son incapaces de moverse con la flexibilidad y sutileza que caracterizan al orden general del universo.
Ninguna estructura del universo puede considerarse totalmente permanente, pues siempre está sujeto al cambio. ¿Puede ocurrir fuera del tiempo evolutivo una transformación total en la mente humana? Es necesario investigar la naturaleza del tiempo, que también es un aspecto clave de la sincronicidad, y explorar la cuestión de la evolución del "sí mismo". La sincronicidad requiere que se forje un puente entre la materia y la mente. Encontramos "inteligencia objetiva" en la naturaleza y esto sugiere que existe alguna forma de "inteligencia" en la materia. La conciencia se utiliza generalmente para indicar esa luz de concienciación y atención que ilumina la mente del individuo determinado más que la del universo entero. La mente individual se despliega de la conciencia de toda la humanidad y luego se pliega de nuevo en un proceso continuo. La mente individual puede haber crecido como reflejo de la sociedad. La sociedad refleja algo de la persona del individuo. El "sí mismo", en este sentido, se exterioriza en la sociedad, y luego se refleja en ésta, y entonces es considerado como alguna sustancia o entidad persistente y real.
Se dice que una gran parte de la mente es inconsciente y que posee un amplio contenido que normalmente no es asequible a "sí mismo". El místico cree que la vida está impregnada de significado y de un sentido de "unidad" con toda la naturaleza. La atención sin conciencia consistirá en formas explicadas aisladas sin ningún sentido de su contexto o significado global. Los procesos internos que surgen en la mente y en el cuerpo son percibidos inicialmente por el "sexto sentido" como sensaciones fugaces que provienen de dentro. La mente humana es capaz de hacer diferenciaciones a nivel automático, pero cuando se trata de pensamientos, sentimientos, recuerdos y sensaciones interiores, eso resulta mucho más difícil de realizar. Con la reacción a la música muchas veces la discriminación es imprecisa y es muy fácil confundir lo que está ocurriendo dentro con lo que está ocurriendo fuera. El "sí mismo" se agarra a lo cómodo y seguro y evita todo lo doloroso o preocupante o que amenace la supervivencia de su propia existencia. En la sociedad se comparten creencias colectivas y eso influye, fluye de las abstracciones del "yo". Para mucha gente, la reacción a la vida se ha vuelto tan mecánica que hay pocas oportunidades para que actúe la creatividad.
Una persona no es tan consciente del tiempo como lo es del movimiento, el cambio y el proceso. La sincronicidad crece del instante intemporal eterno que está cargado de potencial para cambiar. La sociedad ha llegado a identificarse con el tiempo lineal de sucesiones del pasado hacia el futuro con una sensación de progreso, crecimiento, mejoramiento y acumulación de riquezas y conocimientos. La vida, de este modo, queda determinada por el orden mecánico de la sucesión. Cuando el "sí mismo" se identifica más rígidamente con estructuras fijas y con el orden sucesivo de "llegar a ser", cree que ser la única y verdadera fuente de todo progreso y creatividad.
Si dentro de cada parte está plegado el todo, cada componente se convierte en un microcosmos del macrocosmos. En este sentido, el individuo representa realmente la imagen de una realidad más amplia con todos sus órdenes complejos. Al funcionar desde sus formas fijas y su orden relativamente limitado, el "sí mismo" se supone que es el origen y quien mantiene todas las cosas. Ha confundido la realidad interna y externa y, distorsiona cualquier conocimiento de zonas más sutiles y de órdenes de conciencia. Las sincronicidades abren las compuertas de los niveles más profundos de la conciencia y la materia que, por un instante creador, inundan la mente y remedian la división entre lo interno y lo externo. Ninguna zona de la conciencia está realmente cerrada a la conscientización. Es posible para la mete alcanzar zonas más profundas y sutiles, el "inconsciente colectivo". Las experiencias máximas son momentos repentinos extasiados de gran alegría, asombro y una sensación de unidad que lleva a la serenidad y la contemplación y permiten que la concienciación inunde el dominio entero de la conciencia. Con ellos, la mente humana se extiende más allá de la fuente de la mente y materia, hasta la creatividad misma. Las "experiencias máximas" liberan un significado, energía y creatividad considerables y ofrecen una imagen aproximada acerca de la transformación total que es posible para el individuo y la sociedad.
Una concienciación más profunda puede actuar para transformar la vida entera. Solo en los casos excepcionales, esta apertura de las compuertas de la conciencia produce una transformación verdadera y duradera que libera al "sí mismo" del orden limitado del tiempo. Los órdenes rígidos, mecánicos y limitados obstruyen el florecimiento de la creatividad. Durante la sincronicidad se produce un sentido profundo de identidad, una insinuación de la vida más creadora en la que el "yo" ocupa su lugar adecuado dentro de la conciencia, en ella, la vigilancia y concienciación que siempre han estado presentes se experimentan de un modo más directo. Durante las sincronicidades se vislumbran las potencialidades ilimitadas del universo entero. A medida que nuestro conocimiento del universo y de nosotros mismos se vuelve cada vez más detallado y diferenciado, empueza a perder todo sentido de su contexto más amplio. Las sincronicidades abren una ventana hacia una fuente creadora de potencial infinito, la fuente del universo mismo. Pequeñas grietas en la superficie de nuestra racionalidad insinúan un mundo mucho más profundo que puede estar más allá. Con las sincronicidades intuimos que existen órdenes ocultos más profundos. Una vez que nos damos cuenta de que nuestra conciencia es ilimitada, entonces se hace posible para nosotros realizar una transformación creadora de nuestras propias vidas y de la sociedad en la que vivimos.